
Creo que desde el 2007 no abro un libro de Mario Vargas Llosa. De los que recuerdo solo es uno el que recomendaría y al que considero como el mejor: Travesuras de la niña mala. Aquella novela erótica que es capaz de levantar los más bajos instintos de una persona y saciar cualquier deseo de pasión pero sobre todo amor.
Un texto que cuando transitas párrafo por párrafo te dan más y más ganas de leer y nunca detenerte. Y si yo lo hice fue porque el tiempo se convertía en mi peor enemigo. Recuerdo haber descubierto solo dos capítulos y hace una semana que quise regresar a la historia de esa niña inquieta y ambiciosa, pero como fue uno del millón de libros piratas que se publican al año en el Perú, paso lo que me temía. Lo hallé hongueado, maloliente y hasta con las letras casi transparentes.
Quise saber el final, como a cualquier persona, sin embargo me quedaré nuevamente con las ganas. Me contaron que la protagonista había muerto pero ya no quiero escuchar más porque eso lo descubriré yo misma. ¡Ah! Pero eso sí. Me cercioraré que el libro no sea comprado ni en Quilca ni Amazonas, así me cueste un “ojo de la cara”.

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