martes, 21 de junio de 2011

CONTRASTES

No soy madre ni tampoco hace falta serlo para sentir el gran dolor que puede ser perder a un hijo. Sin embargo, Rosario García vive en carne propia esa tortura atroz minuto a minuto hace más de 70 días, pues Ciro Castillo-Rojo su hijo, se extravió en un viaje hacia el valle del colca en Arequipa.

Paso a paso, metro a metro, kilometro a kilometro se ha hecho la denodada búsqueda por más de dos meses. Y es que la Unidad de Salvataje de Alta Montaña no da por culminada su labor aunque no haya alguna pista que indique donde se le puede hallar, tampoco la ayuda de la última persona que lo vio Rosario Ponce, su enamorada, que en vez de ser un apoyo para la familia, está en la mira como una sospechosa de un posible crimen, ya que el mismo padre del desaparecido acaba de levantar una denuncia en su contra.

Es un nuevo día y el sol no se hace esperar al menos en mi distrito justo en esta fecha donde celebramos el Día del padre. El mío acaba de levantarse luego de una ardua labor en la mecánica. Lo observo amarrarse los zapatos que le compré hace más de un año. Usa el escaso líquido que le queda para teñirlo de negro y borrar ese poco lado marrón que se asoma. Que viejo, gastado y hasta un poco abierta las suelas se encuentran. Mientras se coloca la casaca para salir con la moto a “cachuelarce” un poco, se siente el olor a grasa y aceite de motor de cuatro tiempos Bajaj.

Me vuelvo muy sensible y pasa por mi cabeza preguntarme ¿Cómo se sentirá y qué estará haciendo este día el padre de Ciro? Ese señor realmente se puso la camiseta y no se ha detenido en la búsqueda de su hijo porque al igual que su esposa, aun tienen esperanzas de encontrarlo. “Yo me imagino a mi hijo en posición fetal dentro de una cueva escondiéndose de algún animal peligroso y diciéndome: Mamá ven por mí” Escuché hace muchas semanas atrás la voz vibrante de una madre con el corazón en la mano suplicando ver a su hijo.

Seguían pasando las horas y mi padre retornó a casa diciendo: “¿A dónde me van a llevar?” jajaja… reí yo. Mientras tanto, como decía mi tía ya difunta, “entremesi” recordaba que hace una semana había llamado a mi amigo Pablito Cataño, que si no fuera que su apellido se cambiara de Cataño a Tacaño, le caería “a pelo”. A Pablo le pagan mensualmente más de s/.1200.00, sin embargo solo me prestó s/. 50.00. Pero igual me sirvió de mucho pues lo junté con mis ahorros y cutras del todo el año. Con eso ya es suficiente para invitarlo a comer donde “Los agachados” y deguste su higadito frito con yucas que lo conllevan a desalivar con solo observarlo y olerlo.
Y así como yo tengo a mi amigo Cataño, Ciro Castillo los tiene aun más. Pues las demostraciones de amor y cariño que se le hecho a su nombre mediante vigilias tanto en Lima como en Trujillo y lograr una acogida hasta de 80 personas donde oraban y cantaban “Nosotros somos el mundo” de Michael Jackson. Con ello, es más que suficiente deducir que la amistad no se halla por “Chiripa”.

Sabemos que hay una madre que busca a su hijo y que su amor infinito nunca la acabara ni terminarán desplomándola de esa fe, quizás por muchos incomprendida, el de hallarlo con vida. Un padre osado ante su trabajo y economía que sin ninguna finalidad interesada, solo anhela volver a estrecharlo entre sus brazos. Y hay personas como yo que aun creen en los milagros y tenemos la incertidumbre por saber que Ciro retornará. 

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