Subo a las tablas para expresar eso que tantas veces me ha hecho llorar y reir. Cantar y bailar. Por fin puedo transmitir mis más hondos sentimientos y sin contárselos a nadie. Me he preparado por tres meses para ser “La patroncita de Rojanáriz” y dar lo mejor de mis destrezas artísticas sin ningún fin de lucro, pues solo me conformo con hacer reir hasta aquel que acaba de venir peleado con su mujer.
Empezó la obra y aunque el teatro nació en Atenas y fue de carácter religioso, esta nació en una capilla de San Juan de Lurigancho y al estilo “Claun”, el que más me gusta.
Nunca había sentido por mis poros, tanta satisfacción, energías y ganas por comenzar una nueva vida como hoy. Pues al abrirse los telones rojos, estaba yo ante una gran multitud que acudió gratuitamente solo para vernos y disfrutar del teatro. Qué curioso que cuando uno está más preparado, los nervios pueden traicionarnos.
Las mascaras eran indispensables para una obra teatral en Atenas, pero para este es necesario salir sin la nariz roja y brillante. Remotamente se utilizaban los coturnos, que eran unos zapatos de madera con alza que servían para dar altura al actor, pero para este es necesario las zancas que le dan vida al espectáculo. Mientras los griegos hacían trajes de túnicas, cortas o medias y mantos. Nosotros confeccionábamos vestidos y overoles multicolores para resaltar la vida y alegría, ya que antes según los colores de las ropas el personaje tenía más o menos importancia, así, los colores oscuros eran para los personajes tristes, los alegres para los importantes o los colores normales para la gente del pueblo. Además, Los actores usaban unas almohadillas para abultarse, de modo que se siguiese guardando la proporción con el coturno y la máscara. Además podían usar otros elementos como corona en el caso de los reyes.
Nosotros ya teníamos a nuestros espectadores caseros, aunque no con tanto apogeo como era antiguamente, estos eran concurridos porque se celebraba en honor del dios Dioniso en Atenas durante los días 11 al 13 del mes llamado en griego Antesterio.
A nosotros no nos hacía falta nada de ello, pues nuestros rostros gesticulados ya reflejaban de por sí nuestros personajes. Una sonrisa donde las arrugas se mostraban por doquier y nuestro cuerpo que se convertiría en un “chicle” donde estiraríamos toda esa destreza que caracteriza al “Claun”. Y que con los aplausos, gritos y silbidos que al escuchar transportaba esa energía infinita por las arterias, demostrábamos un buen trabajo.

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